Kid Pambelé, el rey de Palenque
Hace 50 años alcanzó primer título mundial de boxeo para Colombia. La historia de un grande que marcó a toda una generación de colombianos.

José David Rodríguez
10:41 p. m.
Campeón mundial para la eternidad. El primer golpe certero a la pobreza lo propinó Kid Pambelé, pero no, el mortal Antonio Cervantes. Un hijo de San Basilio de Palenque que se coronó rey de las 140 libras.
Un monarca afrodescendiente que le enseñó a ganar a un país, como lo describió otro rey de las letras colombianas, Juan Gossain, en el libro el ‘Oro y la oscuridad' del escritor Alberto Salcedo Ramos: antes de Pambelé éramos un país de perdedores, nos consolábamos conjugando el verbo casi triunfar. Vivíamos todavía celebrando el empate con Unión Soviética en el mundial de fútbol del 62. Pambelé nos convenció de que sí se podía y nos enseñó para siempre lo que es pasar de victorias morales a las victorias reales.
Por ello, aquella noche apacible del sábado 28 de octubre de 1972, en las orillas del canal, el combate representó algo más que el duelo de dos amigos en el gimnasio nuevo de Ciudad de Panamá.
Pambelé saltó para consagrarse en la eternidad y de allí nunca bajó.
Bandera de Colombia en su pantaloneta, el mismo país que debió salir por arreglar un combate en sus inicios como boxeador profesional, y partió con el apodo de un boxeador nicaragüense que lo adoptó desde niño. En Venezuela, aprendió los secretos del boxeo con el entrenador tabaquito Sáenz. Unión perfecta de dos naciones hermanas.
En cada ataque, en cada paso de aquel imperio que construyó a punta de nocauts, lo impulsó su polémico promotor Ramiro Machado.
Desde sus puños cimarrones en los ensogados mundiales, exclusivo para los mejores púgiles del planeta, surgieron por arte de magia la energía y agua potable a su pueblo olvidado desde la colonia española. El primer palenque de esclavos libre de América nunca olvida a su único monarca con un cetro eterno. Invitado frecuente del presidente Misael Pastrana Borrero.
Una lucha por la vida, la inició ante la pimienta de los Welter Juniors, el combate ante el panameño representó el inicio de una hegemonía de 8 años, del reinado más recio de su categoría, para llegar al hall de la fama del boxeo con 21 combates de título mundial.
Otrora lustrabotas y vendedor de cigarrillos de contrabando, el palequero en la inhóspita Cartagena se ganó el respeto a punta de su pegada.
Porque sus nudillos eran como navajas que cortaron a rivales. En otros casos, la aparición de sus nudillos que se cansaron de romper los huesos de sus ilusos retadores.
Kid Pambelé conquistó coliseos. Su infancia en Palenque, forjada en medio de la pobreza, pero increíblemente con las proteínas ideales, con una dieta donde nunca faltó el pescado y el plátano, porque en tierras cimarronas diseñaron a un campeón, sin un gramo de grasa y con la estatura perfecta, metro 70 distribuidos en 140 libras, el púgil perfecto, el mejor libra por libra, pero de su pueblo al barrio cartagenero de Bazurto donde aprendió una maldita palabra llamada hambre.
El comentarista deportivo Mike Schmulson describe la situación de Pambelé, cuando Pambelé subía al ring tenía hambre, porque la única forma de triunfar de un boxeador es sintiendo hambre.
Medio siglo que empezó en blanco y negro, un país con un monarca proveniente de un palenque, unos cimarrones que no olvidan su origen, pero con un rey que les llevó los servicios públicos. El mejor del planeta libra por libra bautizado como Antonio Cervantes, pero para el mundo mandó como el invencible Kid Pambelé, aquel capaz de hechizar a toda una generación de colombianos.